miércoles, 28 de enero de 2026

Habitaciones en El Hierro con suelos de madera barnizada

Pasé unos días con mi marido y unos amigos en el Hotel Puntagrande, en El Hierro. Durante años fue conocido como el hotel más pequeño del mundo, aunque ya no conserva ese título: existe otro aún más diminuto. Sorprende, porque este lugar apenas cuenta con cuatro habitaciones.
El edificio se alza sobre una lengua de lava en pleno océano, un escenario casi irreal. Las habitaciones se asoman directamente al mar, tanto que impresiona asomarse. A quienes lo utilizaron por primera vez también debió de causarles vértigo: en 1830 el inmueble funcionaba como aduana.
Aquella antigua aduana ha sido restaurada con mucho acierto para convertirla en hotel. La decoración combina reliquias de naufragios y elementos navales, presentes tanto en las habitaciones como en las zonas comunes. En la nuestra, por ejemplo, había un cuadro de un barco y la mesilla tenía una forma ovalada que evocaba la cubierta de una embarcación. El interior es mucho más atractivo que el exterior, cuya fachada, algo apagada y ennegrecida por la sal del mar, no da la impresión de ser un hotel ni siquiera una casa rural.
Lo mejor está dentro. No falta ninguna comodidad: la conexión wifi gratuita funciona incluso mejor que la de mi propia casa. Los suelos, de madera barnizada, están impecables. No es un alojamiento lujoso, pero sí extremadamente limpio, y por eso lo recomiendo. También por su ubicación privilegiada: dormir sobre una lengua de lava en medio del Atlántico es un auténtico privilegio.
El Hotel Puntagrande sigue figurando entre los hoteles más pequeños del mundo. No es el número uno, pero sí uno de esos alojamientos diminutos que pueden considerarse verdaderos lugares de ensueño. Me quedé con ganas de repetir. Seguro que algún día volveremos con las niñas, cuando sean un poco mayores.

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